El trovador cubano da un recital en el Auditorio Pilar Bardem de Rivas
este
sábado, 7 de octubre, a las 20.00 horas. Se escucharán canciones de toda
la
vida como 'Para vivir' o 'Yolanda'
RIVAS-VACIAMADRID (MADRID) - Ha esculpido algunas de las canciones
más
hermosas de la lengua española. 'Para vivir', 'Yolanda', 'El breve
espacio
en que no estás' o 'Yo no te pido' son temas insuperables que, como el
buen
ron de su tierra conservado en barrica, adquieren mejor sabor con el
paso
del tiempo. Si en junio Rivas disfrutó de un inmenso Serrat, el otoño da
la
bienvenida a uno de los trovadores más apreciados por el público español.
Se
llama Pablo Milanés (Bayamo, Cuba, 1943), lleva más de 40 años cantando y
es
el icono musical de la isla junto a Silvio Rodríguez.
Texto: Nacho Abad Andújar.
Quebrada y algo apagada, su voz suena resfriada, griposa. La culpa,
la
gélida noche que se desplomó sobre Madrid el 16 de septiembre, cuando dio
un
recital en la Fiesta del PCE. Pablo Milanés habla desde la habitación de
un
céntrico hotel capitalino. La gripe obliga a cancelar la entrevista
personal; a cambio, se propone una charla telefónica. Y Pablo habla de
lo
que supuso la nueva trova, de la riqueza musical de su país o de lo que
hoy
representa Cuba para el mundo y para los cubanos. Su concierto en Rivas
será
en formación de trío. A su voz y guitarra, se suma un piano y un
tercer
músico que lo mismo hace sonar el violín que los teclados. En el
Auditorio
se escucharán sus últimas composiciones, las de su trabajo 'Como un campo
de
maíz' (2005), y los clásicos que todo el mundo conoce bien.
P. En 'Como un campo de maíz' retomas canciones de juventud. ¿Por qué
llegado un tiempo surge esa necesidad de mirar al pasado? Sin hacer
comparaciones, el último trabajo de Silvio es en esencia lo mismo.
R. Sí, es cierto, el trabajo de Silvio también es así. En mi caso es por
el
impulso de mis hijas, que conocen mi obra e hicieron mucho porque yo diera
a
conocer este trabajo para que no quedara como una laguna en mi
trayectoria.
P. ¿Desde dónde canta Pablo Milanés para componer algunas de las
canciones
más hermosas de la lengua española?
R. Canto desde la propia vida. Y canto el entorno que me crió e hizo, lo
que
cosechó toda mi gente, la que me quería y deseaba que fuera lo que he
sido.
Todo eso me inspiró para amar el trabajo mío, y que hoy me resulta
imprescindible.
P. 63 años de vida, ¿cómo te encuentras, cuál es tu momento vital?
R. Estoy muy bien de todo, de ánimo, espíritu y voz. Las ganas de
trabajar
no se me quitan. Cuando pretendo descansar y me digo 'Llevo más de 40
años
trabajando, me merezco un descanso', de verdad que me borro mucho. Me
gusta
la lectura, la tele, pero qué va, lo que más me complace es pararme ante
un
público, coger la carretera y ver lo que sucede.
P. Fundador de la Nueva Trova en los años sesenta, con Noel Nicola y
Silvio.
¿Qué ha dejado tu generación en el camino?
R. Una estela de sentimiento muy grande, de solidaridad extraordinaria
con
el mundo, y una poesía digna de considerarla dentro de la poesía
latinoamericana. Y, sobre todo, una solidaridad con todos los amigos
de
América y Europa con los que compartimos todos los momentos de los años
que
comenzamos, y donde tuvimos unas experiencias intercambiables
extraordinarias que nos hicieron a unos y otros.
P. La Nueva Trova cantó el amor y la política. Del amor nunca nos
cansaremos, ¿pero tal vez han conseguido que nos cansemos de la
política?
R. No precisamente de la política. Yo me he considerado un cantor en
un
sentido comprometido con la realidad. Y eso es más revolucionario que
político. Y esas cosas se llevan hasta la muerte. Uno va cambiando,
tiene
sus variaciones, se adapta a los tiempos y evoluciona el lenguaje, pero
la
esencia sigue funcionando. Aunque uno cambie con el tiempo se puede
seguir
manteniendo las mismas ideas, según te exija la historia.
P. Mirando bien el mundo que vivimos, ¿qué espacio le queda a la
poesía?
R. La poesía está en el corazón de la gente. Eso es invariable. Y
permanecerá eternamente. Todo el mundo tiene un espacio para la
espiritualidad y el amor. Lo que pasa es que a veces se lo llevan, roban
y
escamotean con las malas informaciones, con la superficialidades que
se
imponen en el mundo moderno. Pero creo que, tradicionalmente y por los
años
de los años, la gente tendrá un corazón con el que sentir y
emocionarse.
P. ¿Te has sentido alguna vez atosigado o perseguido por alguna
composición
propia?
R. No he tenido prejuicios contra ninguna. No me he sentido aburrido
de
ellas. A estas alturas canto todavía las canciones que cantaba hace 40
años.
Por suerte, al público le gusta, y me las piden. Y yo no me disgusto
con
cantarlas. Las siento como el primer día. Tengo una forma de componer
donde
voy eliminando lo que no me gusta. Cuando termino una canción, es una
canción que realmente me complace. Y eso me da oportunidad para no
arrepentirme nunca de haberla hecho.
P. He leído que escribiste Para vivir en quince minutos.
R. Hay algunas canciones escritas muy rápido. Por ejemplo, 'Yo pisaré
las
calles...' la hice en apenas diez minutos. Y hay otras en las que me
he
demorado seis meses o un año.
P. Pocos países con la dimensión geográfica y demográfica de Cuba
atesoran
tal riqueza de músicos y estilos: trova, salsa, jazz latino, etc. ¿Qué
tiene
Cuba?
R. Tenemos una tradición donde confluyen una cantidad de factores
extraordinarios. Vivimos en una cuenca de confluencias culturales que
se
conforman en el siglo XVI, en el Caribe. Y somos el centro de ese
centro,
porque Cuba es la isla más grande, la que domina, y recibimos como
nadie
influencias del continente africano y europeo. Y todo se asimiló en
nuestra
cultura y música. Y eso se ha vuelto una tradición. Independientemente
de
los regímenes que ha habido en nuestro país, esa tradición se ha cultivado
y
se ha generado a través de los siglos.
P. ¿Y qué momento musical vive la isla?
R. Extraordinario, como siempre. Hay poco trabajo, la gente tiene
pocos
lugares donde manifestarse y muchos se van hacia otros mundos a
buscar
nuevos horizontes, pero sigue habiendo en Cuba miles de jóvenes que
tocan
extraordinariamente. Es una fuente incalculable.
P. La película Habana blues revela algo que quizá aquí no se aprecia: no
es
que en Cuba existan dos tipos de cubanos, los que se quieren quedar y
los
que se quieren ir, sino que tal vez en todo cubano conviven dos cubanos
al
mismo tiempo: el que se quiere ir y el que se quiere quedar.
R. En Cuba hay un sentimiento por encima de todos los demás
sentimientos
culturales, ideológicos o históricos. Es el sentimiento de ser cubano. Es
un
sentimiento de un fervor extraordinario, y ahí radica la unidad del
cubano,
ya esté en Miami, Nueva York, Cuba o China. Donde quiera que esté el
cubano
es el mismo y ama su país por encima de todas las cosas.
P: En los setenta, Cuba fue un referente mundial para la izquierda
política.
¿Qué es hoy Cuba para el mundo? ¿Y qué es Cuba para los cubanos?
R. Cuba es una referencia, en muchos puntos positiva. Por cosas que son
muy
válidas, y que son las cosas que me hacen quedarme allí, vivirlas y
confrontarlas. Existen toda esa cantidad de contradicciones, de
quejarse
como se queja uno de la situación que vivimos diariamente. Pero se
acaba
imponiendo la defensa de aquello.
P. Hay dos imágenes de Cuba muy poderosas: el verde oliva del uniforme
de
Castro y la alegría, fuerza y colorido de una pareja bailando salsa.
¿Cómo
se compatibilizan ambas?
R. Son las características del pueblo cubano. Por un lado la fuerza que
ha
tenido el sentido de patriotismo e independencia, que es una tradición
en
Cuba. Y por otro, la alegría y desinhibición del cubano, de ser muy
expresivo y abierto.
P. Hugo Chávez y Evo Morales unidos a la imagen de Fidel ... ¿Son la
esperanza de algo nuevo o líderes populistas?
R. Con Fidel las cosas cambiaron en su día. Cambiaron el parecer y el
sentimiento de los latinos, que son más orgullosos, más dignos. Hugo
Chávez
es una esperanza, por supuesto. Pero no sólo Chávez. Creo que hay un
renacimiento de la esperanza y la dignidad en América Latina que vale
la
pena cosecharla. Y ojalá que se dé, que no haya populismo ni
equivocaciones.
Y si hay equivocaciones, que las haya en menor medida que los éxitos. Y
que
haya búsquedas que de verdad valgan la pena.
Pablo Milanés.
Sábado, 7 octubre. 20.00 horas.
Auditorio Pilar Bardem. 30 euros.
Fuente: Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid