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Charly Salgado: Entre la trova y la postrova
por Joaquín Borges-Triana

Todo el mundo está de fiesta / en esta ciudad.
Todo el mundo va y se encierra / en su intimidad.
Todo el mundo abre puertas / que debió cerrar / y hay también quien se alimenta / con su soledad.
Nadie podrá cambiar / mientras no digas lo que piensas, / todos se reirán / mientras se explota tu cabeza.
Estoy tan obsesionado / con lo que he de hacer, / el mañana se me acerca / y no me siento bien.
Sé que no tengo más tiempo, / este es el tiempo de hacer, / es el pasado mañana / el que me acecha tras mis pies.
Nada podrá curar / esta ansiedad, / nadie comprende / Que no hay vuelta atrás.


He reproducido el texto íntegro de una canción de Charly Salgado, titulada Del pasado mañana y que está compuesta a partir de una frase del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, en la que se afirma: “Solo el pasado mañana me pertenece. Algunos hombres nacen de manera póstuma”. Creo que la pieza a la que me he referido, sirve a la perfección para tener una idea bastante exacta de por dónde se mueven los intereses de Charly como cantautor.

Después de varios intentos fallidos por causas ajenas a su voluntad, el pasado sábado, Salgado pudo ofrecer su primer concierto a lo grande, ocasión que sirvió además para que él presentara su debut fonográfico, el disco Buscando caminos, que se editase a través de la EGREM durante el 2004. Para aquellos que no lo conocen, yo les diría que es el clásico ejemplo de ese tipo de creador que se ubica a medio camino entre la trova y el rock o viceversa, es decir, para algunos, él es un trovador que se acompaña por una banda de rock y para otros es un roquero con influencias del discurso trovadoresco.

Si bien esta tendencia hay quien la asocia a un fenómeno surgido a partir de los 90, sobre todo desde el instante en que irrumpió entre nosotros la variante del grunge, sin discusión la de mayor influencia en la escena local durante la década anterior, los vínculos entre la trova y el rock se remontan a fines de los 60, cuando en un grupo como Los Dada, Mike Pourcel y Pedro Luis Ferrer destinguieron a toda una época con piezas como Démonos la mano con la flor y Letras en jarrones de cristal. Aquella corriente que hace alrededor de 35 años se iniciaba, tiene un perfecto continuador en Charly Salgado, como se apreció una vez más en su concierto llevado a cabo en la sala teatro de Bellas Artes y con producción de la gente de Puntal Alto, quienes no solo andan organizando funciones en el Centro Pablo, sino que se han extendido a otros espacios de la ciudad.

Aunque la presentación de Charly tenía como objetivo hacer un muestreo al público del repertorio compilado por él en su ópera prima, la necesidad que se genera en el creador de enseñarle a los demás lo nuevo que está haciendo (en este caso particular, exacerbada por lo extremadamente difícil que se hace para un artista de su corte organizar un concierto) lo condujo a estrenar en la ocasión varios temas y a interpretar otros de antaño, pero que ha cantado en muy pocas ocasiones. Así, cabe señalar cortes como Todos los años, todos los sueños, Caminando esta ciudad, Yo confío, Laura y Entre la Trova y la Postrova, una composición que en particular me parece definitoria de lo que hoy no solo está haciendo Charly Salgado, sino también otras figuras como Iván Leyva, Roberto Perdomo, Pedro Beritán y el dúo IT.

En la función, que dicho sea de paso contó con un excelente trabajo de audio (algo a lo que ya nos tienen acostumbrados en la sala teatro de Bellas Artes), Charly se hizo acompañar por una banda integrada por Iván Leyva en guitarra eléctrica, coros y responsable de los arreglos y la dirección musical; el bajista Rodolfo Humpierre y David Smith en la batería. También estuvieron como invitados Sergio Valdés (hombre frontal de Elévense), que protagonizó uno de los momentos más calientes de la noche; el trovador Erick Sánchez (en su interpretación de Esperar confirma que es un heredero de los postulados ideoestéticos que animaron el ambiente cultural cubano en la década de los 80); así como Adrián Berazaín y Roberto Fajardo en la armónica.

En sentido general me pareció un buen concierto, quizá un tanto largo pues si bien Salgado programó para la oportunidad 16 temas, una cifra bastante aceptable, la inclusión de varios invitados y unas cuantas intervenciones habladas entre tema y tema (así como el imprevisto de un cambio de cuerda por causa de partirse una) motivaron que todo se alargase más de lo debido y con ello, dramatúrgicamente se resintiese un poco la presentación. También es de lamentar la no comparecencia de los representantes de la EGREM y que se suponía vendiesen el disco en el contexto de la función. No obstante, el Charly puede sentirse contento porque en su peregrinar buscando caminos ha encontrado uno que, por medio de la música y la poesía, da un hermoso testimonio del tiempo que en suerte nos ha tocado vivir.


Imaginería urbana en disco de novel trovador cubano Charly Salgado
Por Félix Eduardo Varela

En un disco salpicado de imaginería urbana, el joven trovador cubano Charly Salgado, de la última hornada de la trova-pop-rock, irrumpe con su huella sonora en la escena musical para dejar bien claro el espíritu de búsqueda que le mueve.

La Habana, capital de las hormonas -al decir de la escritora Aymara Aimerich en sus notas al disco titulado Buscando Caminos- emerge como principal motivo y escenario de las 11 canciones en esta ópera prima.

Descrita como destino y subterfugio, todas y cada una de las canciones de este cantautor, escritor y poeta, destilan su sabor.

Charly Salgado comienza a andar en el universo del pentagrama con 11 años, cuando matricula en un conservatorio.

Teodoro Benemelis, tío de su padre, también lo acompaña en este viaje. Trovador admirado por Silvio Rodríguez, él marca su genealogía con la tradición trovadoresca.

La trompeta, un instrumento fuerte, melódico, comenta Salgado, fue mi principio. "Pero había empezado por el instrumento equivocado", confiesa con una sonrisa cuando menciona que un año después decidió abrazar la guitarra.

El músico-niño terminó el nivel elemental de trompeta en la escuela Paulita de la Concepción, en el barrio capitalino del Cerro.

Después de un tiempo de silencio, comenzó a estudiar guitarra en las noches, y terminó el nivel elemental cuando ocupaba pupitres universitarios.

La Universidad de la Habana lo ve emerger como licenciado en Filosofía, pero no es lo único que gana de este período, pues conoce a un grupo de trovadores como Iván Leyva, Samuel Aguila, y Fernando Bécquer, entre otros, e inmediatamente opta por la trova y la canción con marcado interés hacia los textos.








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