"Existen pocas figuras tan afines como estas: la canción, y quien la ejerce. El trovador
especialmente – categoría e individuo – pudiera validar tal suposición. Charly Salgado, por
ejemplo, puede. Y me refiero a lo siguiente: usar los mismos ojos de observar adentro para
hacerlos peligrar entre la gente, disponer la propia idea salvadora ante el juicio colectivo, verter
el sentimiento hacia el apetito ajeno, dirigir la íntima palabra desde el derrumbe interno hasta
las locaciones exteriores derrumbadas. Los únicos ojos, la idea múltiple, el sentimiento frágil,
quizás la última palabra.
Charly asume esa certeza, creo, y la proyecta de un modo más franco y transparente que mis
actuales comentarios. Así afirma la ciudad, rodeado por nosotros en la capital que él nos
recrea, pendiente de los miedos y la fe, abordando la uno siete cuatro, transportando su
energía y su cansancio, alerta a los caminos nuevos o pretéritos, con su carga de rubor y sus
humanas influencias, bitlémano, filósofo, narrador o bardo, incluso intérprete, de cuantas
obsesiones agiten a su época. Hijo de vecino resuelto a perpetuar su Habana en otros hijos
de vecino adyacentes.
Nadie garantiza la simpleza en un empeño semejante. Como persuasivas tentaciones
aparecen el confort de los hogares, los accesos fáciles o atajos. De otra forma, asoman los
obstáculos. Las manos que te aplauden, también pueden acercarte las saetas. Las dudas que
te mueven, podrían detenerte. La armonía que generas, igual pudiera consumirte. Pero aquí
están, y es lo valioso, la canción y quien la alumbra. La unidad en riesgo permanente."
Aymara Aymerich (poeta y periodista cubana).
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